Senegal, Febrero 2007
Querida mía:
Las cosas por aquí no mejoran demasiado, todos son obstáculos,
inconvenientes, que si falta este papel, que si aquel permiso...; a veces me desespero y me voy hacia la costa para mirar el mar porque allá detrás estás tú, esperándome,como espera la noche a la mañana; aunque en nuestro caso la noche me toca más a mí; me esperas porque dijiste que toda la vida me habías esperado, igual que yo creo
haberte buscado siempre, la vida entera, siempre.
Crucé este mar para buscarte, recorrí mil kilómetros, me escondí, me humillé, no quise llorar pero lo hice..., todo valió la pena para encontrarte..., y que te llamaras como la luz que desprendía tu alma, Blanca, como tu fe, como tu caridad, como lo fue tu fuerza para luchar contra todos los que no creyeron en nosotros, y fueron tantos; valiente para engendrar ese hijo que los dos esperamos tanto y que, si todo es normal, me llevará a tu lado, para seguir luchando por él, por ti, por nuestro amor. No desesperes mi amor y no te asustes demasiado si el niño es muy moreno. Me gustaría estar ahí para cogerte de la mano, como hacen todos, pero para mí muchas cosas son diferentes, ahora ya lo sabes bien, no me creías...; la primera vez que me dijiste tu nombre pensé "Blanca, ¡tiene gracia!".
La vida es dura para todos, pero el amor mueve el mundo y no sabe de razas ni colores; miro de nuevo al mar y le pido a tu Dios, al mío, al propio amor que me lleve de nuevo a tu cariño, a tu calidez, a la esperanza que me ofrece tu mirada, a toda la vida contigo, con tu amor y todo lo que nos traiga, que si el mar me lleva y tú lo quieres, es contigo con quien deseo dejar de respirar y que todos los días de mi vida seas mi Blanca y yo tu amor